Barranquilla continúa consolidándose como una ciudad relevante para la innovación, la inteligencia artificial y la transformación empresarial. En este contexto, ANDI Atlántico y Alitic, como coorganizadores, realizaron un encuentro dedicado a explorar cómo aplicar la IA a uno de los ámbitos más importantes de cualquier organización: la gestión del talento humano.
Durante la jornada, Julián enseñó a los participantes a utilizar diferentes capacidades de inteligencia artificial mediante explicaciones, demostraciones en vivo y ejemplos relacionados con procesos empresariales.
Los asistentes no se limitaron a conocer herramientas. El propósito fue comprender las nuevas capacidades que las empresas y sus colaboradores necesitan desarrollar para aprovechar la inteligencia artificial de manera estratégica, segura y responsable.
El mensaje central fue claro: la IA no elimina la importancia de las personas. Por el contrario, puede ampliar sus habilidades, reducir el trabajo repetitivo y permitirles concentrarse en decisiones que requieren experiencia, empatía y criterio.
Aprender haciendo: la IA aplicada en tiempo real
Uno de los aspectos más valiosos del encuentro organizado por ANDI Atlántico y Alitic fue su enfoque práctico. Durante la actividad, Julián mostró cómo una inteligencia artificial puede recibir la transcripción de una charla, identificar sus ideas principales, convertirlas en un resumen y enviarlo por correo electrónico.
La demostración permitió observar un flujo completo: capturar información, procesarla, producir un contenido y ejecutar una acción. También evidenció que la IA actual no trabaja únicamente con texto, sino que puede interpretar audios, videos, imágenes, documentos PDF y archivos almacenados en carpetas autorizadas.
Este ejemplo resume una transformación importante: la IA está pasando de ser una herramienta a la que se le hacen preguntas a convertirse en un sistema capaz de participar en procesos reales. No solo responde, sino que puede analizar información, organizarla, crear resultados y conectarse con otras aplicaciones.
Más que aprender a utilizar ChatGPT
La inteligencia artificial ha evolucionado rápidamente. Ya no sirve únicamente para responder preguntas o redactar textos. Los modelos actuales pueden analizar documentos, investigar información, crear contenidos, interpretar imágenes, automatizar actividades y ejecutar procesos mediante agentes.
Por eso, la pregunta no debería ser solamente: “¿Qué herramienta de IA debemos utilizar?”. La conversación realmente importante es: “¿Qué capacidades necesitamos desarrollar?”.
Las organizaciones pueden comparar soluciones como ChatGPT, Claude, Gemini y Copilot según sus necesidades, costos, fortalezas, integraciones y condiciones de seguridad. No existe una única plataforma ideal para todos los casos. Algunas funcionan mejor para analizar documentos extensos; otras se integran con herramientas empresariales o sobresalen en investigación, creación y automatización.
También es importante revisar las licencias que ya tiene contratadas la empresa. Algunas organizaciones cuentan con funciones de inteligencia artificial incluidas en sus entornos corporativos, pero sus equipos todavía no las conocen o no saben cómo aprovecharlas.
En el futuro, las competencias laborales tampoco se medirán exclusivamente por saber escribir instrucciones en ChatGPT. Las empresas valorarán la capacidad de analizar información, investigar, crear soluciones, diseñar procesos y supervisar el trabajo realizado por sistemas de inteligencia artificial.
Quienes aprendan a colaborar con estas tecnologías podrán ampliar sus habilidades y resolver tareas que antes parecían demasiado complejas. Quienes se mantengan alejados de ellas podrían perder competitividad frente a profesionales y organizaciones que sí las incorporen.
Selección de personal y análisis de hojas de vida
Uno de los ejemplos más claros se encuentra en los procesos de selección.
Un agente de IA puede acceder a una carpeta autorizada con hojas de vida, extraer la información relevante, compararla con los requisitos de una vacante y clasificar a los candidatos según criterios previamente definidos. También puede identificar experiencia, formación, competencias, certificaciones y posibles brechas.
La demostración de Julián permitió imaginar un escenario en el que el responsable de selección define el perfil requerido y solicita a la IA revisar decenas o cientos de documentos. El sistema puede crear una carpeta con los candidatos que cumplen los criterios y elaborar un resumen comparativo para facilitar la revisión del equipo.
Ante una convocatoria con cientos de postulaciones, esta capacidad reduce considerablemente el tiempo dedicado a la revisión inicial. El equipo de talento humano puede concentrarse entonces en validar los resultados, entrevistar a los candidatos y evaluar aspectos que requieren sensibilidad y criterio profesional.
La decisión final no debería quedar completamente en manos de un algoritmo. Una hoja de vida no representa la totalidad de una persona, y un sistema puede reproducir sesgos presentes en los datos o en los criterios utilizados. La IA puede apoyar la preselección, pero los responsables humanos deben revisar sus recomendaciones, cuestionar posibles errores y garantizar un proceso justo.
Inducción y capacitación más personalizadas
La inteligencia artificial también puede transformar la experiencia de quienes ingresan a una organización.
Durante la inducción, un asistente conectado con WhatsApp puede enviar información corporativa, instrucciones, documentos, videos, evaluaciones y recordatorios. El nuevo colaborador podría consultar horarios, políticas, beneficios o procedimientos sin depender de que una persona responda repetidamente las mismas preguntas.
Este acompañamiento también puede extenderse a la capacitación. La IA permite crear rutas de aprendizaje adaptadas a los cargos, generar ejercicios, resumir materiales y responder preguntas sobre los contenidos. Incluso puede transformar manuales internos en recursos más dinámicos, como presentaciones, simuladores o aplicaciones.
Las habilidades creadas en una plataforma de IA pueden convertirse en capacidades reutilizables y compartirse con toda la organización o con grupos específicos. De esta manera, el conocimiento deja de estar disperso y se convierte en un recurso institucional que puede mejorar con el tiempo.
Agentes que conocen las políticas de la empresa
Durante la charla también se presentó una aplicación especialmente útil para recursos humanos: crear agentes especializados en políticas internas.
Una organización podría desarrollar, por ejemplo, un agente guía para su política de vacaciones. El sistema recibiría el documento oficial, las instrucciones de uso y los parámetros que debe respetar. A partir de allí, los colaboradores podrían consultarle requisitos, fechas, procedimientos y condiciones.
El mismo enfoque puede aplicarse a políticas de incentivos, bienestar, seguridad y salud en el trabajo, formatos internos, normas corporativas o procesos de contratación.
Estos agentes ayudan a que la información sea más accesible y a que los equipos sigan criterios comunes. También pueden incorporarse a entornos corporativos como Teams y ponerse a disposición de toda la organización o únicamente de las personas autorizadas.
Su implementación exige una condición fundamental: el agente debe trabajar con documentos vigentes, instrucciones precisas y responsables humanos que actualicen el conocimiento cuando cambien las políticas.
Monitoreo de equipos y detección de situaciones críticas
Otra aplicación presentada durante la experiencia fue el monitoreo inteligente de conversaciones y procesos.
Con las autorizaciones y medidas de privacidad correspondientes, una IA puede resumir la actividad de grupos de trabajo, reconocer temas recurrentes, detectar solicitudes pendientes e identificar señales que necesitan atención. Por ejemplo, podría advertir sobre dificultades durante una inducción, preguntas que nadie ha respondido o situaciones que requieren la intervención del área de talento humano.
Enseñanza importante: conectar una IA con una plataforma no significa darle acceso indiscriminado a toda la información. Es posible establecer en qué chats, carpetas o espacios puede actuar y mantener fuera de su alcance las conversaciones sensibles.
Además, la frecuencia de las automatizaciones debe configurarse con criterio. Pedir a un sistema que revise todas las conversaciones cada pocos minutos puede generar costos innecesarios, consumir rápidamente los recursos disponibles e incrementar los riesgos relacionados con la privacidad.
La visión artificial amplía todavía más estas posibilidades. Un sistema puede observar una pantalla y detectar inconsistencias en procesos como nómina, liquidaciones o registro de novedades. Así, funciona como una auditoría preventiva que alerta sobre datos incompletos, omisiones o posibles errores antes de finalizar una operación.
Sin embargo, monitorear no debe convertirse en vigilar indiscriminadamente. Las organizaciones necesitan reglas claras sobre qué información se revisa, con qué finalidad, quién puede acceder a ella y durante cuánto tiempo se conserva.
Análisis de datos sin poner en riesgo la información original
La IA también puede apoyar el análisis de archivos de Excel y bases de datos.
Puede limpiar información, organizar formatos, detectar inconsistencias, crear gráficos, realizar auditorías de calidad y preparar reportes. Durante el encuentro se enfatizó una recomendación práctica: trabajar inicialmente sobre una copia y conservar intacto el archivo original. Una instrucción ambigua o una interpretación incorrecta podría modificar o eliminar datos importantes.
Esta precaución evidencia por qué la supervisión humana sigue siendo necesaria. Aunque una herramienta tenga permiso para editar un archivo, una persona debe verificar los cambios, revisar los cálculos y aprobar el resultado antes de incorporarlo a un proceso empresarial.
En talento humano, esta capacidad puede utilizarse para analizar indicadores de rotación, ausentismo, capacitación, desempeño o bienestar. La IA ayuda a encontrar patrones y preparar visualizaciones, mientras los profesionales interpretan los resultados dentro del contexto real de la organización.
Creación de documentos y soluciones digitales
Buena parte del trabajo administrativo de recursos humanos implica elaborar documentos, presentaciones, informes, manuales, comunicaciones y materiales de capacitación. La IA puede acelerar estas actividades y ayudar a mantener formatos consistentes.
También puede crear imágenes, videos, páginas web, simuladores y aplicaciones. Plataformas como Lovable, por ejemplo, permiten desarrollar soluciones digitales en menos tiempo y con una inversión inicial menor. Un equipo de talento humano podría construir un portal de inducción, un sistema de consulta interna o un prototipo para evaluar competencias sin comenzar el desarrollo desde cero.
Herramientas de integración como Zapia pueden conectar correo electrónico, WhatsApp, Google Drive, calendarios, páginas web y otras plataformas. Esto facilita la creación de flujos en los que la información se recibe, se clasifica y activa automáticamente la siguiente tarea.
Un sistema también puede ayudar a responder correos específicos, resumir la bandeja de entrada o convertir información dispersa en un archivo organizado. Incluso puede ejecutar tareas recurrentes dentro de aplicaciones y sitios web, siguiendo procedimientos previamente enseñados.
El beneficio no consiste solamente en producir más contenido, sino en liberar tiempo para actividades de mayor valor: acompañar a los equipos, resolver situaciones complejas y diseñar mejores experiencias para los colaboradores.
De utilizar herramientas a supervisar agentes de IA
La capacidad agéntica representa uno de los avances más importantes de la inteligencia artificial. Un agente no se limita a aconsejar: puede revisar información, aplicar reglas, tomar decisiones previamente definidas y completar partes de un proceso.
Una empresa podría crear un equipo de agentes virtuales especializados. Uno clasificaría hojas de vida; otro prepararía documentos de contratación; un tercero acompañaría la inducción; otro respondería consultas sobre políticas internas; y uno más consolidaría indicadores o alertas para los responsables de talento humano.
También es posible diseñar agentes con una personalidad, un tono y una forma de responder adaptados a la cultura de la empresa. Sin embargo, esa personalización debe utilizarse responsablemente y sin hacer creer a los colaboradores que están interactuando con una persona cuando en realidad se trata de un sistema automatizado.
Esto cambia gradualmente el papel de los trabajadores. Parte del trabajo pasará de ejecutar cada actividad de manera manual a diseñar, supervisar y mejorar lo que realiza la IA.
Las plataformas corporativas pueden ofrecer analítica sobre la utilización de estos agentes: quiénes los usan, en qué procesos participan y qué tipo de consultas reciben. La supervisión debe estar acompañada de información transparente para los colaboradores sobre el alcance del monitoreo y el tratamiento de sus datos.
Autonomía no significa ausencia de control. Los agentes pueden equivocarse, interpretar mal una instrucción o actuar con información incompleta. Necesitan objetivos precisos, límites de actuación, fuentes confiables y mecanismos para escalar las decisiones sensibles a una persona.
Antes de automatizar, hay que ordenar
Una de las reflexiones más importantes de la charla fue que no todo proceso está preparado para ser automatizado. Antes de incorporar inteligencia artificial, la organización debe tomar conciencia de cómo funciona su operación, digitalizar la información, organizarla y optimizar cada etapa. Si un proceso tiene datos incompletos, responsables poco claros o pasos innecesarios, la automatización no resolverá el problema: simplemente lo ejecutará con mayor velocidad.
Automatizar un proceso desordenado produce resultados desordenados.
Por eso, una implementación responsable puede comenzar con preguntas sencillas:
- ¿Cuál es el objetivo del proceso?
- ¿Qué información necesita?
- ¿Quién es responsable de cada decisión?
- ¿Qué actividades son repetitivas?
- ¿Cuáles requieren criterio humano?
- ¿A qué archivos, aplicaciones o conversaciones puede acceder la IA?
- ¿Qué riesgos existen para los colaboradores?
- ¿Cómo se verificará el resultado producido por el sistema?
- ¿Qué acciones necesitan aprobación antes de ejecutarse?
Responder estas preguntas ayuda a identificar oportunidades reales y evita adoptar tecnología solamente por seguir una tendencia.
El criterio humano sigue siendo indispensable
La inteligencia artificial puede reemplazar determinadas tareas, pero no sustituye completamente el juicio de las personas. No conoce por sí sola toda la cultura de una empresa, puede cometer errores y necesita contexto para interpretar situaciones humanas complejas.
En talento humano, esta limitación es especialmente importante. Las decisiones afectan empleos, oportunidades, relaciones y datos personales. Por eso, la protección de la información debe estar presente desde el diseño de cualquier solución.
Las empresas necesitan controlar qué datos comparten con las plataformas, conocer dónde se almacenan, limitar los accesos y evitar que información sensible se utilice sin autorización. También deben mantener supervisión humana en decisiones relacionadas con contratación, evaluación, compensación, terminación de contratos o bienestar laboral.
La experiencia compartida por Julián mostró que la seguridad no depende únicamente de escoger una herramienta reconocida. También exige configurar permisos, separar los entornos personales de los corporativos, delimitar las fuentes de información y revisar las acciones que ejecuta cada agente.
La mejor relación entre personas e inteligencia artificial no consiste en entregar todo el control a la tecnología. Consiste en combinar la velocidad y capacidad de análisis de la IA con la experiencia, la responsabilidad y la empatía humanas.









Fotos del Evento
El siguiente paso para las organizaciones
La experiencia de Julián en este encuentro, coorganizado por ANDI Atlántico y Alitic, dejó una invitación concreta para los líderes empresariales y los profesionales de talento humano: comenzar a experimentar, pero hacerlo con propósito.
Las organizaciones que aprendan a utilizar la IA podrán ser más ágiles, productivas y competitivas. El punto de partida no tiene que ser una transformación completa. Puede ser un proceso pequeño, repetitivo y medible, como organizar hojas de vida, preparar materiales de inducción, consultar una política interna o elaborar el primer borrador de un informe.
Después será necesario revisar los resultados, escuchar a las personas involucradas y mejorar el flujo antes de ampliarlo.
La inteligencia artificial no debe utilizarse para reducir el valor de las personas, sino para multiplicar sus capacidades. El verdadero reto no es decidir si llegará al área de talento humano. Ya está llegando. La pregunta es si las organizaciones estarán preparadas para incorporarla con procesos ordenados, datos protegidos, equipos capacitados y seres humanos capaces de supervisarla.
Es momento de revisar los procesos de talento humano, elegir una oportunidad concreta y comenzar a construir una forma de trabajo en la que las personas y la inteligencia artificial produzcan mejores resultados juntas.
Fuente: Charla de Julián sobre inteligencia artificial aplicada a la gestión del talento humano, en un encuentro coorganizado por ANDI Atlántico y Alitic. Contenido complementado a partir de la transcripción de la jornada.
Edición: Equipo editorial de IMKGlobal – Esperanza Herrera, potenciado por herramientas de inteligencia artificial.
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